15 may 2011

Salida

Había cerrado el messenger cuando se me ocurrió invitarte al cine, quería hacer algo contigo, conversar, verte, estar junto a ti al menos un rato , volví a entrar, solo te lo pregunté y dijiste que si.
Me pasé todo el día pensando en que decirte cuando estemos juntos, no tenía ni idea sobre que conversar. Quedamos en encontrarnos junto a la cafetería de la Universidad cuando terminaran las clases. Salí de mi aburrida hora y media de inglés y te esperé disimulando una relajada, y tal vez curiosa timidez que se apoderaba de mi durante esos cortos episodios en los que intervenías. La verdad es que me invadía la ansiedad y el nerviosismo secuestraba mi tranquilidad dejándome en un estado que tiene mucho que ver con las emociones y sobre todo, con el temor. 
Alcé la mirada y te observé mientras te acercabas caminando como si el aire te acariciara y te generara placer, como si sus cálidos roces te endulzaran la existencia. Con tu bolso entre manos y ese rostro tuyo tan radiante que suelo ver a diario me sentí el ser mas suertudo en todo el universo, contando este y todos aquellos que consideren paralelos, por estar a tu lado al menos, por esa noche.
Caminamos, tomamos un taxi y fuimos al cine mientras me contabas sobre tus clases de finanzas. Llegamos y a pesar de que yo ya sabía cual ver, pensamos en cual ver. Era una pobre cartelera llena de películas poco, o casi nada interesantes, salvo una que fue la que vimos. Te pregunté por las de terror y para mi suerte y buen humor descubrí que, al igual que a mi, te desagradan, cosa que me produjo una solapada satisfacción. Sugerí "The inseption" y sin poder encaletar tu emoción, asentiste furtivamente. 
Conversamos mientras esperaba ansiosamente por la película. Recuerdo haberme sentido abandonado por mi imaginación en ese momento y de pronto la incertidumbre y la inseguridad se dieron cita, un temor a hacer el ridículo me invadió repentinamente, cuide de mis palabras para que no te sonaran aburridas o poco interesantes. La inseguridad se agrandaba y se convertía en un enemigo duro de vencer. De pronto mis oídos sintieron un ligero cosquilleo cuando de tus labios salieron unas dulces, delicadas e imperceptibles ondas sonoras dueñas de un armonioso mensaje, que al ser descifrado exhibió un anhelado "tengo frío". Sin embrago, no me deje ganar por la ansiedad que se dreno en mí, como si se hubiera descorchado una botella de champán, no quise pecar de "simplón" al abrazarte como haría cualquier otro, sabía que en tu interior se agotaba la voz de tu esencia, pidiendo a gritos sordos una delicada caricia. Te miré y aprecié cada centímetro de tu rostro, de tus ojos, tu nariz y tu piel, pensé en muchos adjetivos pero de mi boca solo se articulo un "que linda que estas hoy". Cogí dulcemente tu rostro y te besé, de pronto todo se detuvo y al tocar tus labios fui llevado a un mundo en donde no había nada más que la nada, y una tranquilidad que de fondo iba muy bien. Fue una sensación inexplicable, mi mundo se limitó a esos momentos, era algo tan mágico que dejé de lado todo lo anterior a ti, tú fuiste mi principio, y tú fuiste su final.
De pronto el tiempo tuvo el capricho de ir más veloz y la noche terminó, se hacía tarde y te acompañe a casa, nos despedimos y mucho de mi se fue contigo. Parecía no haber pasado nada, de pronto tuve la ligera sensación de normalidad que me hizo regresar al antes de ti. 
Al día siguiente me levante a las 6, camine a la universidad y me senté en una banca esperando que pasaras, sólo quería ver tu caminar, espere 10 minutos, te vi bajar las escaleras observando detalladamente cada movimiento tuyo, desfilabas apurada porque te hacías tarde, hiciste un delicado gesto como preguntando, ¿Qué haces ahí sentado?. Sonreí y te vi pasar, tan tú. Segundos después entré a mi aburrida y tétrica clase de filosofía con tu ir y tu venir tatuados en mi pensamiento.

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